RIPOLLET
En Ripollet, destacamos su iglesia, bajo la advocación de San Esteban.
Esta iglesia se encuentra documentada por primera vez en el precepto del rey Lotario, en 986, por el que confirma al monasterio de Sant Cugat todos sus corderos. Aparece mencionada como parroquia en 1066, en una escritura de establecimiento enfitéutico que el abad Andreu de Sant Cugat hace a favor de Sicardis y sus hijos. Entre los legados que recibió, tenemos el de Berenguer de Ripollet (1145) por la reforma del templo.
A través de la documentación es evidente que el monasterio de Sant Cugat del Vallès poseyó desde antiguo bienes en Ripollet, los cuales iban aumentando a lo largo de los años por sucesivas donaciones, compras o dejas testamentarias. Todas estas propiedades fueron confirmadas en 1234 por el rey Jaime I, pero el lugar consta que era de jurisdicción real.
Sobre la existencia del claustro dos son las evidencias: una fecha de 1692, donde el visitador Dr. Antonio Figueres, párroco de Palaudàries y decano del Vallès, mandó hacer abonar la puerta del claustro de entrada a la iglesia. El otro es de 1738, cuando Joan Fontanet y Maria Prats contraen matrimonio en los claustros de la rectoría de Ripollet. Existía también una cisterna en medio del patio. Entre 1978 y 1979 se limpiaron las paredes exteriores de su enlucido, lo que ha dejado al descubierto el paramento actual.
La antigua torre campanario, construida en sustitución del de espadaña, databa de 1603 y se encontraba ubicado en la pared norte de la iglesia. Actualmente, lo que resta de su construcción es el sitio dedicado a baptisterio. Debido a una gran tormenta de 1831, sus paredes estaban en mal estado. En 1891 una valiosa donación de Maria Torre, Vda. Almirante, es depositada para reconstruir las paredes dañadas. Ahora bien, como su estado no era muy fiable, se decidió derribarlo hasta la mitad y cubrirlo con tejado de cúpula y tejas de escamas. Mientras tanto, y también con la ayuda de Maria Torres, se levantó un nuevo campanario que se inauguró en noviembre de 1892. Se colocó una placa de mármol conmemorativa que fue destruida en 1936. El primer reloj data del año 1793. A la tormenta del 13 de junio el 20 de junio reloj quedó destrozado. Con una recaudación del año 1831, poco después de la desgracia, le repara un relojero de Terrassa, Miquel Pou. Cuando se inauguró el nuevo campanario se instaló un nuevo reloj, regalado por Maria Torres.